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¿Niños sin control o sin guía?

Cada año, somos testigos de más niños inquietos, cuestionadores, activos, sin control y con dificultad para seguir las normas de convivencia. Niños que cuando están en los restaurantes se paran, juegan y corren; en los cines conversan constantemente durante la película; interrumpen conversaciones y presentan actitudes caprichosas cuando desean algo que no se le puede dar o atender.

Nace la pregunta de si este niño que no maneja los límites necesarios será feliz, ya que no logra una adaptación idónea. Es como si anduviera sin rumbo, sin dirección y sin normas claras y básicas para la convivencia, fracasando en sus relaciones interpersonales.

En los últimos tiempos, todo ha cambiado raudamente y los adultos tampoco somos los mismos. Aun así, es responsabilidad de los adultos el lograr que el niño pueda tener control. La contención que se le brinde hará que el niño se regule, se sienta protegido, guiado y a gusto consigo mismo.

En este grupo de niños sin control están los que presentan problemas de conducta por un mal manejo de los adultos, los diagnosticados con algún trastorno que afecta su regulación de comportamiento como el TDAH (Trastorno déficit atencional con Hiperactividad) TDO (trastorno desafiante oposicionista), los niños impulsivos, entre otros. Algunos padres tienen la idea errónea de que si su hijo tiene un diagnóstico de alguno de estos trastornos de nivel orgánico, ya no le puede poner límites, pero es ahí cuando es más necesario proporcionar al niño herramientas y ser su muro de contención que apoye en su regulación.

La contención que se le brinde hará que el niño se regule, se sienta protegido, guiado y a gusto consigo mismo.

¿Cuáles son las causas para que tengamos niños sin control?

Las familias son diferentes a las de antes: En el pasado, uno de los padres, generalmente la madre se quedaba en casa al pendiente de los hijos. Sin embargo, hoy en día, el ritmo de vida es totalmente diferente, y ambos padres se ven con la necesidad de aportar al hogar por lo que los dos deben trabajar y se convierten en padres ausentes, donde terceros se encargan del cuidado de los hijos. Estos pueden ser abuelitos que suelen ser consentidores o nanas que a veces no tienen los recursos para manejar a los niños.

Inseguridad de los padres: Padres que desean cubrir su ausencia cediendo a todo lo que piden los hijos y con miedo a decir “no” y con el deseo constante de “agradar a los hijos”.           

La tecnología: Los niños pasan la mayor parte del tiempo rodeados de tecnología, el uso excesivo es un obstáculo para que tenga un desarrollo sensorial y motor óptimo, ocasionando problemas en su capacidad de autorregulación.     

La sociedad: Hoy se da más prioridad a los derechos que a los deberes, lo que repercute de manera intensa en el ámbito educativo en la familia y escuela.

Negociaciones permanentes: Se acostumbra a realizar negociaciones, a cambio de una actitud positiva se da premios con objetos y regalos, lo que lleva a incorporar la negociación más no la norma.

Inadecuada alimentación: Consumo constante de alimentos con bajo nivel nutricional, como las grasas trans, azucares refinados, colorantes artificiales, etc.

¿Qué consecuencias trae que un niño no tenga control?

Problemas en el área social y emocional: Debido a las continuas faltas de reglas, la relación con sus pares es totalmente debilitada lo cual, afecta su área emocional.

Dificultad en el aprendizaje: Llevando a tener fracasos a nivel académico.

Depresión: Les aborda la tristeza por los constantes fracasos en sus relaciones interpersonales.

Baja tolerancia: Se frustran fácilmente llegando afectarles hasta la edad adulta.

Desgaste en la relación familiar: La débil consistencia en las reglas origina malestar en la relación entre los miembros de la familia.

Una intervención oportuna provocará el cambio

Poner las reglas con objetividad: Frases cortas y claras, teniendo contacto con el niño (tomarlo de las manos) y haciendo que fije la mirada cuando se le da la indicación.

Anticipar: Se debe acordar y cumplir las promesas y sanciones previamente establecidas.

Brindarles tiempo de juego activo: Realizar actividad física, aún mejor si el juego es en grupo donde debe sinergizar y acatar reglas. El tocar, abrazar y jugar le brinda una estimulación táctil que activa el sistema parasimpático, disminuyendo el cortisol, la adrenalina y ansiedad.

Facilitarle momentos de relación con la naturaleza: Las áreas verdes generan tranquilidad y restablece la atención.

Mantener un plan de alimentación sana: Consumir alimentos que ayuden a reducir la agitación. Por ejemplo: salmón, tomates, arándanos, almendras, palta, cítricos, verduras o frutos rojos.

Practicar un deporte: De preferencia natación, artes marciales, tenis, ciclismo o yoga que ayuda en la respiración y control de la ansiedad.

En conclusión, es importante que el niño se sienta amado; que cada valor, regla y norma que deseamos inculcar en ellos sea dado con amor. Les dejo como reflexión lo que escribió Alex Rovira en su artículo “Niños sin Límites”:

Todo ser humano debe conocer cuáles son sus propios límites, así como cuáles son los límites necesarios de su actuación en convivencia con el otro. Si el joven no ha tenido límites en su infancia, no sólo hará la vida imposible a las personas de su entorno para obtener lo que desea cuanto antes y a cualquier precio, sino que además carecerá de una propia conciencia de sus verdaderas necesidades, de sus verdaderos límites y, en consecuencia, de su identidad. Quizá es necesario recuperar y lustrar palabras como respeto, responsabilidad, esfuerzo, diálogo, voluntad, entrega, generosidad, paciencia… Quizá deberíamos dedicar tiempo a hablar sobre en qué consisten estos conceptos con nuestros hijos y realizar tareas que los lleven a la práctica.”

 

: Sofía Jurado

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