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Blog educativo

La pandemia del COVID 19 y la transformación educativa en tiempos turbulentos

Piloteando la educación en tiempos turbolentos

por Alicia Montenegro, Ricardo A. Losno, Fabrizio Lopez, Alejandra Tamayo y Daniela Salazar (Grupo de investigación e Innovación – Colegio Brüning)
piloteando la educación

En el año 2013, un artículo publicado en Harvard Business Review (Govidarajan & Srinivas, 2013) ofreció la metáfora de un viaje en avión para representar cómo “pilotear” una compañía en la fase de incorporación de nuevas tecnologías. Creemos oportuno emplear dicha analogía para aterrizar el concepto del cambio de paradigma en el sector educativo. En ese sentido, se requiere una visión a futuro y alta capacidad de adaptarse a los cambios (como la virtualidad) sin perder el sentido de por qué y para qué se está educando.

Veamos cuáles son las seis variables críticas para un liderazgo eficiente de la educación.

1. Punto de partida

Así como el piloto sabe muy bien desde dónde parte y en qué condiciones climáticas lo hace, lo mismo se espera al conducir una institución educativa. Es fundamental conocer la realidad desde la cual se empezará el viaje. Esto implica, por un lado, identificar la realidad educativa del país, y por otro lado, la realidad de quienes están en primera línea, como los estudiantes, padres, madres y docentes. El factor de las familias es un elemento importante a tener en cuenta para delimitar bien el punto de partida, pues como señalan Rasbash et al. (2010), las variaciones que en ellas ocurran tendrán un grado importante de influencia en las conductas escolares.

2. Destino

Es importante que quienes lideren tengan una visión a largo plazo. El destino debe ser conocido no solo por el piloto del avión, sino por todos los demás implicados. La educación es un trabajo en equipo, todos deben saber cuál es el objetivo, padres, familia, maestros, psicólogos y terapistas. El destino final es un modelo a seguir donde el estudiante alcanza la mejor versión de sí mismo y llega a encontrar el camino para alcanzar su propósito en la sociedad y que, finalmente, se convierta en un adulto que contribuya con esta.

¿Por qué importa? Como señalan Valdés y Sánchez (2016), la participación del cuerpo docente, familias, directivos, genera confianza y favorece las sinergias para mejorar la gestión escolar y apoya al aprendizaje de los estudiantes.

3. El Plan

Al igual que se conoce la ruta de viaje y los posibles contratiempos, en un proyecto educativo ocurre lo mismo. No conviene que seamos reactivos o resistentes al cambio, porque con esa actitud quedaremos relegados; debemos desaprender y reinventarnos. Es vital tener un plan claro de acción, pero también que dicho plan contemple las variables del vuelo. En este caso las variables pueden ser aspectos sociales de la comunidad, factores económicos o más precisamente, condiciones sanitarias sensibles o la transformación digital para lo cual la institución educativa puede contar con planes de contingencia.

Debemos tener el entendimiento frente a lo incierto, mantener la claridad frente a la complejidad y la agilidad frente a la ambigüedad. Como señala Jaime Saavedra (2020), ex ministro de educación y actual director de Prácticas Mundiales de Educación del Banco Mundial, se debe planificar el cómo recuperarse de esta situación global, renovando el compromiso de asegurar una educación de calidad. Agrega también: “Este es además un momento para desarrollar habilidades socioemocionales y aprender más sobre cómo contribuir a la sociedad como ciudadano”.

4. Variación

Muy de la mano con el punto anterior, este aspecto es una llamada de atención al propio piloto, sobre todo. Quien conduce debe esperar variaciones durante el viaje. Debe tener claro que son más las variables que no se controlan, que las que se pueden controlar. Por eso, un oportuno y anticipado ejercicio de prevención en caso de variaciones es necesario. Para eso está el plan que se señaló, pero acá entra la actitud del piloto.

Empezando por él, y siguiendo con el resto del equipo, se debe contar con la calma necesaria para evaluar las condiciones de vuelo ante los cambios esperados e inesperados. La variación durante el viaje es algo que debe interiorizar el piloto. El Banco Interamericano de Desarrollo señala tres variaciones de estos tiempos para los cuales se tiene que tener una capacidad alta de reacción (2020): a) protocolos de respuestas ante pacientes cero en sus escuelas; b) trabajar el estrés de las familias; y c) pedagogía a distancia, contar con las herramientas necesarias para la virtualidad predominante.

5. Actuar rápido y seguido

Si el avión desvía su trayectoria uno o dos grados, y se corrige pronto, no hay mayores problemas. Pero si esa “ligera desviación angular” no es atendida a tiempo, las consecuencias pueden ser muy serias. Si ocurre una tormenta inesperada, lo mismo: velocidad de reacción. En lo educativo es similar en la medida que se tiene que atender con prontitud las demandas que aparezcan.

Actualmente, la pandemia obligó a que las instituciones se muden a lo virtual. La capacidad de actuar rápido se pone a prueba en las variaciones comentadas en el punto anterior. Una institución educativa, además de tener velocidad de reacción, debe actuar seguido. Actuar seguido implica que haya un monitoreo constante. Quienes dirijan una institución educativa y estén al tanto de los cambios en el mundo, así como el desarrollo de sus actividades internas acorde al plan, estarán en mejor condición para afrontar los desafíos que aparezcan.

 

Esta crisis es un verdadero examen sorpresa para todas las instituciones educativas. Está sirviendo para mostrar quiénes tienen una visión clara, una misión definida, valores acordes con la sociedad actual y futura, así como un plan estratégico integral. Esta crisis ha servido para que los padres, madres y estudiantes puedan evaluar el sistema educativo que proponen los colegios en los cuales han depositado su confianza.


Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo (2020, marzo 16). Las escuelas y el coronavirus, tres desafíos urgentes y una transformación necesaria. https://blogs.iadb.org/educacion/es/escuelasycoronavirus/

Govindarajan, V., & Srinivas, S. (2013, diciembre 25). Get a better return on your business intelligence. Harvard Business Review. https://hbr.org/2013/12/get-a-better-return-on-your-business-intelligence

Rasbash, J., Leckie, G. & Pillinger, R. (2010). Children’s educational progress: partitioning family, school and area effects. Journal of the Royal Statistical Society: Series A (Statistics in Society), 173(3), 657-682. doi: 10.1111/j.1467-985X.2010.00642.x

Saavedra, J. (2020, marzo 30). COVID-19 y Educación: Algunos desafíos y oportunidades. Banco Mundial. https://blogs.worldbank.org/es/education/educational-challenges-and-opportunities-covid-19-pandemic

Valdés, A. & Sánchez, P. (2016). Las creencias de los docentes acerca de la participación familiar en la educación. Revista electrónica de investigación educativa. 18(2), 105-115.http://www.scielo.org.mx/pdf/redie/v18n2/1607-4041-redie-18-02-00105.pdf