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La educación artística y la creatividad

El arte se encuentra estrechamente ligado a la naturaleza del ser humano. Desde sus primeros años y de forma natural el niño juega, canta, baila, dibuja. Todas estas actividades son imprescindibles para su correcto desarrollo sensorial, cognitivo y emocional. Por ello, un método de enseñanza basado en la creatividad y afectividad enseñará a nuestros hijos a aprender a aprender y crear nueva información y novedosas soluciones.

El proceso creativo se motiva a través de la retroalimentación positiva donde los docentes fomentan la singularidad del alumno dentro de un colectivo. Además, los docentes potencian las capacidades para descubrir los mensajes visuales provocados por la percepción del entorno. También desarrollan la adquisición de experiencias lúdicas como formas de experimentación que servirán para la elaboración de interpretaciones y reflexiones que se retroalimentan colectivamente.  

Durante las horas de educación artística, el trabajo con diferentes herramientas y materiales desarrolla habilidades psicomotrices que promueven la expresividad y creatividad. Para “aterrizar” un poco esta idea propongo este ejemplo de proceso creativo.

Imaginemos colectivamente un viaje al campo, así cada niño tiene una imagen de su viaje. Tras haber generado ciertas pautas colectivas se pide a los niños que dibujen el árbol más bonito del viaje imaginario. De esta manera hemos dado inicio a un proceso divergente que genera mucha más creatividad y motivación en comparación a un trabajo tradicional como lo sería pedirles que dibujen un arbol compuesto por un troco, ramas y hojas.

La creatividad en la educación artística ayuda a identificar y expresar nuestras emociones y pensamientos. Este proceso requiere la exteriorización personal de las experiencias y emociones tanto de forma verbal y no verbal.

Siguiendo con el ejemplo previo pedimos a los niños que dibujen algo que les de alegría y algo que les cause tristeza. Luego, pediremos que expliquen que sentimiento era y por qué lo han plasmado así. Este proceso ayuda a aprender sobre nuestros sentimientos y a reconocerlos. Los adultos muchas veces no sabemos diferenciar entre disgusto o ansiedad porque no lo aprendimos de pequeños.

La educación artística y la creatividad involucra a la persona, al colectivo, al proceso y al producto. Todo esto permite una reflexión posterior de las creaciones. A más diversidad creativa, mayor repertorio de acción artística. Además, el trabajo de los niños se amplifica social y culturalmente cuando se comunica, se expone y se presenta para la observación y disfrute de todos. Es decir, el trabajo artístico genera creatividad y pensamiento reflexivo, ayuda al reconocimiento de sentimientos, y mejora la capacidad comunicativa. 

En resumen, la educación artística enseña a expresar las propias ideas y sentimientos, desarrolla la creatividad (experimentando, imaginando y pensando divergentemente), enseña a trabajar en equipo (colaborar con otros, aceptar consejos y críticas), enseña a respetar y valorar el trabajo y el esfuerzo propio y el trabajo de otros, valorando la originalidad.

 

✍: Alicia Montenegro – Directora.