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El juego y su importancia en la educación

El juego es uno de los elementos educativos más importantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje, sin importar la etapa educativa en la que trabajemos. Todas las áreas pueden, y deben, hacer uso del juego para facilitar la obtención de resultados en el alumnado. El interrogante ahora es, ¿qué debe caracterizar al juego para ser realmente eficaz al momento de su puesta en práctica?

La utilización de la competitividad es uno de los principales problemas que presenta el juego. Por consiguiente, es preciso educar en la competición para evitar caer en casos como “no querer participar por miedo al fracaso”, “temer ser objeto de burla” o “perder la autoestima ante sucesivos fracasos”. De ahí que sea necesario apuntar una serie de características.

La primera de ellas sería que el juego debe potenciar la creatividad, pues  una persona creativa se encuentra más preparada para afrontar la vida actual que aquella que tan sólo atesora muchos conocimientos. Es importante señalar que el juego debe constituir preferentemente una vía de aprendizaje cooperativo, evitando situaciones de marginación y que se dé una excesiva competitividad. Es decir, es característica importante el componente de sociabilidad que implica el juego.

Se recomienda también mantener la actividad de todos los alumnos, por lo que no son recomendables los juegos eliminatorios, sino optar por otras opciones como podrían ser el cambio de roles.  Además, el juego debe ser una actividad gratificante por lo que debe ser algo placentero; en ningún caso una situación de estrés y/o motivo de agobio o miedo.

Así mismo, se debe tomar en cuenta que la participación del profesorado dentro del juego es vital, pues en ellos recae la responsabilidad de conseguir, en todo momento, una mayor motivación e integración de todos los alumnos y alumnas en la clase y desarrollo de los mismos.

En conclusión, el juego es un gran recurso didáctico para el proceso enseñanza-aprendizaje. La capacidad de utilizar el juego como elemento motivador del alumnado, posibilita la consecución de los diversos objetivos educativos. Además, el juego presenta otro ángulo como recurso didáctico, pues ayuda a conocer mejor al alumnado  en lo que respecta a sus pautas de actuación, sus roles en las clase, sus relaciones y lazos socio afectivos, etc. Incluso ante situaciones conflictivas como agresividad, tensión o ansiedad, el juego también puede ayudar mediante la función de catarsis que ejerce, sin importar la etapa educativa. Queda, pues, fuera de toda duda las múltiples bondades del juego en su aplicación a nivel educativo.

 

Liliana Sumari

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