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¿Cómo fomentar la autonomía en nuestros hijos?

La autonomía es la capacidad para tomar decisiones sin depender de otras personas. Todo padre busca que sus hijos desarrollen esta habilidad, pero muchas veces resulta ser una tarea muy difícil. ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a resolver problemas por su propia cuenta y pueda dirigir su vida con responsabilidad?

¿Qué entendemos por autonomía?

La autonomía es un valor que comienza a desarrollarse desde los primeros meses de vida. Cometemos un error al tratar a nuestros hijos como seres pasivos, receptores de estímulos externos. Es importante considerarlos como sujetos de acción, pues ellos interactúan con el entorno y participan en la transformación del mundo.

Además, un bebé autónomo se caracteriza por tener iniciativa en sus acciones y entiende que cuenta con herramientas perceptuales, motrices y psicológicas que le ayudarán en el proceso de maduración.

El proceso de autonomía requiere de la participación de los padres por ser los más cercanos a los niños en las primeras etapas de vida. Pero debemos tener en cuenta que participar no significa ayudarlos en cuestiones que ellos mismo pueden resolver.

Un niño autónomo es capaz de realizar por sí mismo las tareas y actividades propias de su edad. En cambio un niño que requiere ayuda continua para resolver problemas o diversas actividades y que tiene poca iniciativa, se vuelve dependiente e inseguro.

¿Cómo formas niños autónomos?

Aquí tenemos una recopilación de recomendaciones para lograr este objetivo:

  • Confiar en él. Si nosotros lo ayudamos en algo que
    que él perfectamente podría realizar, lo hacemos dependiente.
  • Evitar decirles qué decisión tomar. En vez de eso, debemos ayudarlos a pensar, juzgar y actuar por sí mismos.
  • Tomar en cuenta sus opiniones respecto a intereses o preferencias. Es decir, el lugar de destino de un viaje familiar, las actividades deportivas o los talleres.
  • Establecer normas claras y flexibles que no sean tan rígidas y que se puedan cumplir. También las consecuencias en caso de no cumplirlos.
  • Enseñar con el ejemplo la importancia de ser consecuente con sus conductas, sean buenas o malas.
  • Corregir con frases constructivas y no descalificativas. Se trata de mejorar y aprender. Al llamar la atención por algo inadecuado, procurar censurar la conducta y no a la persona.
  • Fomentar la iniciativa, a que experimenten e investiguen en lo desconocido. Esto ayudará a que sean personas que confían en sus posibilidades y capacidades.
  • Favorecer relaciones sociales y afectivas. Preparar actividades en familia, proporcionando espacios para que estén con los amigos.
  • Promover discusiones abiertas que les permitan expresar sus propios puntos de vista. No explicar las razones de las decisiones diciendo: «porque yo lo digo», les resta capacidad de pensar y autonomía para el futuro.

 

Como padres tenemos un papel fundamental en el éxito del futuro de nuestros hijos. Nuestra tarea es darles las alas que necesitan para volar. Ellos se caerán, podrán fracasar, pero se levantarán y lo intentarán de nuevo.

En conclusión, si enseñamos a un niño a ser autónomo, también le estamos ayudando a ser responsable, a tener mayor seguridad en sí mismo, a tener fuerza de voluntad y a ser disciplinado. Finalmente, habremos conseguido un niño feliz y con las herramientas necesarias para vivir y desenvolverse adecuadamente en este mundo competitivo.

 

: Maricarmen Pérez – Profesora de primaria.