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¿Cómo desarrollo el autoestima de mis hijos? (5 min de lectura)

El autoestima es el conjunto de percepciones, pensamientos, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos. Es decir, es nuestra autoevaluación, cómo nos vemos y cómo sentimos que nos ven los demás. En los niños, un buen autoestima los hace sentirse queridos, valorados, capaces y seguros para desarrollar sus tareas diarias.

El autoestima tiene tres pilares fundamentales:

1. La autoimagen (AUIg)

La AUIg es la representación mental que se obtiene de uno mismo, tanto a través de ideas propias como de la internalización de los juicios de los demás.

2. El autoconcepto (AUCp)

EL AUCp es el conjunto de ideas y creencias que se tiene obtiene de uno mismo, es decir, la forma en la que nos percibimos. Se forma con la propia experiencia y la imagen proyectada o percibida en los demás.

3. La autoconfianza (AUCf)

La AUCf tiene que ver con nuestras capacidades, si confío o creo en mí para hacer o conseguir los objetivos.

Para ayudar a formar un buen autoestima, los padres debemos dar mucho afecto, debemos reconocer el logro y el esfuerzo y debemos enseñar a aceptar el fracaso como parte del camino al éxito. Es importantísimo que los niños no sientan indiferencia por parte de sus padres, se deben tomar en cuenta sus ideas y deben sentir que se los respeta. La neurociencia nos enseña que existen estructuras cerebrales, como el hipocampo, que se modifican para toda la vida dependiendo de los eventos y del afecto que hemos tenido durante la infancia.

A partir de los dos años, el bebé entra en una nueva fase de su desarrollo, el cerebro límbico empieza a crecer. El niño empieza a interaccionar y a posicionarse frente a los demás, es decir ¡empieza la socialización! Ahora los niños empiezan a examinar hasta dónde pueden llegar. En esta etapa es imperativo que el papá y la mamá muestren los límites y demuestren quién manda, pero atención mostrar los límites sin dejar de dar cariño o afecto. Debemos saber que la ausencia de límites es interpretada como indiferencia y falta de afecto.

Cuando un niño crece en un ambiente permisivo, sin límites ni expectativas, el cerebro aprende que puede hacer lo que quiere y se forma una autoimagen y un autoconcepto equivocados: el niño empieza a verse desde una posición de superioridad y ve a los demás como simples instrumentos para obtener lo que quiere. Sin límites, en poco tiempo el niño puede convertirse en una persona dominante, intimidadora o en un bully; lo que a largo plazo ocasionará una persona incapaz de construir relaciones sociales auténticas.

Por el contrario, educar a los hijos con demasiada disciplina y poca atención a los sentimientos también tiene consecuencias negativas, ya que limita la autoconfianza del niño. El cerebro aprende que no puede hacer cosas solo, que no es confiable para los demás y, a largo plazo, el niño termina siendo una persona dependiente, sumisa y temerosa que siempre estará buscando la aprobación de los demás. La microgestión y la disciplina en exceso pueden hacer sentir a los niños incapaces de solventar el mundo solos, ocasionando una baja autoconfianza y autoestima.

Para formar un buen autoestima debemos crear un clima propicio con estructura, marcando límites y expectativas, pero a la vez con sensibilidad, con atención a las necesidades y sentimientos. Es decir, de cuando en cuando, tenemos que dejar que los hijos ganen algunas batallas; pero eso sí: hay que escoger qué batallas.

Terminemos con un ejemplo práctico de lo que es un ambiente parental propicio: Durante la época de clases, antes de ir al colegio, tenemos que despertar a nuestros hijos, ayudarlos a vestirse, preparar el desayuno, lavarse los dientes y salir pronto. Conforme los niños crecen quieren vestirse solos, esta es una batalla que podemos dejar que ganen nuestros hijos. Si nuestros hijos quieren vestirse solos, dejemos que se vistan solos, pero antes debemos explicar que para eso se deben despertar más temprano y demorarse menos en el desayuno; y que si no logramos salir a tiempo, volveremos a la estructura anterior. De esta manera hemos puesto límites y a la vez hemos atendido a sus sentimientos.

Trabajar el autoestima en los niños, hará más fácil la autorealización del adulto.

Alicia Montenegro